jueves 11 de junio de 2009

El Real Madrid ficha a Cristiano Ronaldo por casi 94 millones de Euros

El Manchester ha anunciado que acepta una astronómica oferta de 80 millones de libras (casi 94 millones de euros) del Real Madrid por su estrella Cristiano Ronaldo.

"A petición de Cristiano Ronaldo, que ha expresado otra vez su deseo de marcharse, y después de una discusión con el representante del jugador, el United ha acordado autorizar al Real Madrid a hablar con el futbolista", dice el club inglés en un comunicado.

"El Manchester United considera que el asunto estará cerrado el 30 de junio como muy tarde y hasta entonces no emitirá ningún otro comunicado", añade.

Ahora todo queda a expensas del acuerdo con el crack portugués, un mero trámite, puesto que con toda probabilidad ya exista, una vez vistas las ganas del delantero de trecalar en el Real Madrid.

El traspaso del portugués se convierte en un nuevo récord en la historia de los fichajes, ya que nadie nunca ha llegado a una cifra tan desorbitada.

La última vez que alguien se acercó a este precio fue el propio Florentino Pérez, cuando fichó a Zidane en 2001, por el que pagó 76 millones de euros.

Ahora, Florentino ha vuelto a tirar la casa por la ventana al pagar casi 100 millones de euros, una cifra considerada por muchos demasiada alta, y que rompe el mercado futbolístico.

miércoles 10 de junio de 2009

Spray para oler libros electrónicos

¿Qué será de un servidor cuando los libros sean (presuntamente) electrónicos y no los pueda oler? Los que me conocen, saben de mi manía enfermiza de oler los libros: un libro no se disfruta sólo con la vista y con la inteligencia, sino con el tacto y con el olfato (el gusto ya no sé...). Ese olor de los libros de la biblioteca, una mezcla entre rancio, usado y añejo, que juntos huelen bien; el olor de los libros recién comprados; el olor de los libros del colegio, bastante odioso; el de los manuales de videojuegos de consola, como muy agudos; el de los diccionarios y en general de los libros con páginas tipo-Biblia; el de los libros de Alianza, tanto los editados en papel reciclado (los de toda la vida) como los de las nuevas ediciones en un papel más "robusto", cada tipo de papel tiene un olor distinto.

En fin. Me faltan palabras para describir los olores. Qué curioso que el español, al menos, tiene ingeniosísimos recursos para proferir toda clase de insultos, pero poquísimos para describir los olores. Los objetos que más nombres reciben son aquellos aprehendidos por la vista (qué casualidad, ¿no?). Del gusto también abundan: ácido, dulce, salado... Del tacto: rugoso, suave, etc. Del oído es obvio: tenemos ahí la música para dar fe de ello, una de las más complejas ciencias nacidas a partir de uno de los 5 sentidos. Pero en cuanto al olfato... ¿con qué adjetivo describo el olor de un libro de Zubiri de Alianza Editorial? ¿O de las guías Lonely Planet, que poseen un aroma tan característico? No encuentro palabras.
Todo este cuento viene a santo de la entrada que me he encontrado en ese estupendo blog que es Microsiervos: http://www.microsiervos.com/archivo/humor/olor-para-libros-electronicos.html
Han inventado un spray para rocíar los libros electrónicos y de este modo conservar el olor de los libros "físicos". Los hay olor a mohoso, a bacon crujiente, a gato incluso... Vale, es una broma (no mía, sino del blog). Pero nada más verlo me ha hecho ilusión, seguro que no soy el único al que le gustaría que los libros siguieran siendo "físicos" sólo para poder olerlos.

lunes 8 de junio de 2009

Singularidades (II)

Pasando de largo del tema de las elecciones europeas, que sinceramente no tengo nada claro, vuelvo con temas metafísicos. En esta ocasión, otro clásico entre los clásicos (aunque nunca llegaría a decir que toda la filosofía es una nota a pie de página de él): Platón.

<<Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo como es en sí y por sí, en su propio ámbito. - Necesariamente.>> (Platón, "La República", VI, 516b)

(Aviso para bärlineren: la foto está tomada
en la playa de Cádiz capital
)

Platón está apuntando aquí a la experiencia de lo real experimentado en y por sí mismo, es decir, desde sí mismo y no desde un ámbito subjetivo o extraño a él. Sería, de nuevo, todo aquello que la fenomenología buscaba: el aparecer de la cosa misma, tal como se da y en los límites en que se da (cf. Husserl, Ideas, I, parágrafo 24), un momento singular por cuanto tiene de trans-individual e incluso de trans-universal. Por raro que suene, en la metáfora platónica el Sol, o sea, lo verdaderamente real (¿tal vez lo más real, o eso sería acercarlo mucho al summum ens?) es transgenérico, no cae bajo determinaciones categoriales sino que está allende ellas. Por ello es lo completamente único y singular, lo realidad en su superlativa concreción y singularidad.
Ha sido Heidegger uno de los filósofos que más recorrido han dado a esta metáfora de la verdad y el ser como luz (cf. por ejemplo Ser y tiempo, p. 157, Trotta); la cual fue constantemente reinterpretada por Zubiri (una buena muestra de ello está en Sobre la esencia, pp. 448-9). Para Zubiri, el ser heideggeriano como luz nunca es lo primero, sino que lo primero que tenemos presente en nosotros, en nuestra inteligencia, es la luminaria de donde emana la luz. Es la conocida tesis de que "el ser se funda en la realidad", en cuya discusión no entraré aquí.
Lo interesante de la cuestión está en cómo podemos acceder a la visión de la luminaria. Volviendo a las metáforas platónica y heideggeriana, que tanto tienen en común: siguiendo la inspiración zubiriana, ¿podríamos mirar la luz que arroja la luminaria de tal modo que la captásemos incidiendo en la propia luminaria de la que surge? Es decir, ¿podemos ver la luminaria iluminada por su propia luz? Desde luego que sí. Y ese es justamente el problema, porque, ¿no captaríamos entonces la luminaria sino tan sólo en función lumínica, y no en sí y por sí? Además, ¿cómo sabríamos el modo de ser de la luminaria cuando no la podemos ver, esto es, cuando está apagada? Traducido a un lenguaje menos metafórico (sin menosprecio filosófico de la metáfora, por supuestísimo): si la realidad, que es siempre singular, sólo se nos puede presentar "como x" o "como y", esto es, desde un sentido, ¿cómo acceder a lo que sea independientemente de su aparecer "como...", es decir, a cómo es en su propia singularidad? Si lo real singular "da" sentido, ¿cómo aprehenderlo sin la mera función iluminadora o proporcionadora de sentido? ¿No es justamente la propia claridad de la luminaria la que la oculta?
En fin, problemas patafísicos, que diría Cortázar.

viernes 5 de junio de 2009

Singularidades (I)

Para dar una idea de las cosas que estoy leyendo, y haciendo como que las pienso, voy a dejar durante estos días una serie de textos que me han llamado al atención, y que si se es capaz de entenderlos, pueden dar mucho que pensar.



El primero, casi por necesidad, es uno de Kant. En mi humilde opinión como estudiante de mier... o sea, como aspirante al olimpo del amor a la sabiduría, textos como estos deberían ser el material de reflexión de la metafísica a la altura del s. XXI (con perdón del señor Hache-e-ge-e-ele):

"Si lo universal (la regla, el principio, la ley) es dado, el Juicio que subsume en él lo particular (…) es determinante. Pero si sólo lo particular es dado, sobre el cual él debe encontrar lo universal, entonces el juicio es solamente reflexionante." (Kant, Crítica del Juicio, Austral, Madrid, p. 105).

Se trata con esto de hacer ver que el Juicio, nuestro discurso, no sólo procede a partir de proyecciones, de representaciones, en una palabra, de lo que vulgarmente se entiende por "subjetivo". Si determinada persona habla de Dios, no es porque él proyecte algo sobre la realidad, sino porque en realidad su Juicio (esto es, su discurso) tiene una dimensión previa a la proyectante (en Kant, la determinante; aunque más que "proyectante" habría que decir "de subsunción"), que es la reflexionante, la que se deja dirigir por la cosa misma. Es decir, en eso que proyecta el que habla de Dios, hay algo a lo que se ha tenido que plegar para hacerlo y que no ha proyectado él. Y eso que le ha "plegado" o forzado es singular, es único e irrepetible.
Gñé!